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Efraín Recinos

(Última actualización: octubre 1, 2015)

Efraín Recinos, ícono del arte guatemalteco (Fotografía: Recuperada el 10 de julio de 2012 de Flickr. Material publicado por Gobierno de Guatemala de Álvaro Colom, bajo la licencia Compartir Igual 2.0 Genérica).

Efraín Recinos, (Quetzaltenango, 15 de mayo de 1928-Ciudad de Guatemala, 2 de octubre de 2011) fue un pintor, escultor, inventor e ingeniero, multifacético e ilustre exponente de la plástica guatemalteca. Hizo una cantidad amplia de obras, pero entre sus principales creaciones están los diseños, construcción, ornamentación y pintura del Centro Cultural Miguel Ángel AsturiasTeatro Nacional de Guatemala– en 1978, el frontón en relieve del edificio del Crédito Hipotecario Nacional, el mural escultórico de la Biblioteca Nacional y las Fuentes del Parque de la Industria, entre otras (Móbil, 2002).

Vida

Recinos nació en la ciudad de Quetzaltenango el 15 de mayo de 1928 (Díaz, 2010).

Sus padres fueron María Trinidad Valenzuela Micheo y José Efraín Recinos Arriaza. Fue el mayor de tres hermanos: Clemencia, Ana María y Efraín (‘Biografía de Efraín Recinos’, s.f.).

Aprendió a leer y escribir a los 7 años. La marimba, el violín y la mandolina fueron instrumentos que sus manos empezaron a tocar a corta edad. A los 8 años empieza a hacer pequeños paisajes al óleo. Luego a los 13 años, superó en edad a sus compañeros de cuarto grado primaria en la Escuela Costa Rica. Y a esa edad ya devoraba libros, incluido El Quijote de la Mancha (‘Biografía de Efraín Recinos’, s.f.).

Estudió la primaria en la escuela República de Costa Rica y la educación secundaria en el Instituto Central para Varones. Desde muy pequeño dibujaba y leía con ahínco. De joven vendía sus dibujos en la calle para poder comprarse los materiales de dibujo y seguir practicando. Por esa época se interesó también en el deporte (Sandoval, 2011).

Mientras cursaba su bachillerato en el Instituto Central para Varones, donde fue abanderado varias veces, incursionó en el deporte. Aunque según su propia opinión tenía más ganas que talento, logró algunos récords nacionales: 800 metros planos, 400 metros con vallas y 3 000 metros con obstáculos (‘Biografía de Efraín Recinos’, s.f.).

En el año de 1951 asistió a los Juegos Panamericanos de Buenos Aires, en un avión de la Fuerza Aérea Guatemalteca. Viajó junto con compañeros de la talla de Mateo Flores y gracias a su entusiasmo alcanzaron un quinto lugar en la categoría general, solo por debajo de los grandes países, incluyendo al anfitrión (‘Biografía de Efraín Recinos’, s.f.).

Más tarde se decidió por la ingeniería –en ese tiempo no existía la carrera de arquitectura en Guatemala– y fue alumno destacado en la Universidad de San Carlos de Guatemala, lo que le valió el puesto de Jefe de Sección de diseño de obras públicas, en el Gobierno. Pero además de ingeniero y deportista, Recinos fue un artista único, escultor, pintor y arquitecto (Sandoval, 2011).

En 1967, se casó con la mujer que lo conquistó años atrás, Elsa, con quien procreó a su única hija, Lorena. Al año siguiente, en 1968 y por espacio de casi un año fue a estudiar cerámica, mosaico y vidrio soplado al Instituto Politécnico de Leicester, Inglaterra. En este tiempo nace Lorena (‘Biografía de Efraín Recinos’, s.f.).

Escobar (2011) recuerda que en un documental sobre su vida, se establece que Recinos comenzó a dibujar salvajemente, como él mismo lo cuenta, a la edad de seis años. Su dibujo fue espontáneo. Su padre jamás influyó en él y se limitó a guardar cuidadosamente todo lo que hizo. No lo envió a la escuela porque decía que los otros niños le podían enseñar malcriadezas. Sus temas recurrentes fueron grandes batallas, monstruos, héroes y bellas damiselas que merecían ser rescatadas. A los 12 años recuerda que dejó de pintar como un niño aunque en realidad jamás lo hizo. Su dibujo infantil carece de las características usuales en los demás chiquillos y refleja tal madurez que lo hace caer en la excepcional categoría de niño prodigio de la pintura.

El mismo Escobar también explica que el padre de Recinos fue también un pintor, músico e inventor. Citando opiniones de conocidos del artista, afirma que sus dibujos infantiles hubieran sido intrascendentes si en la última década no hubieran visto la luz y sido objeto de estudio por parte de varios expertos. En el proceso, algunos fueron traducidos a gráficas y se reprodujeron también en material bibliográfico por parte de la Fundación Mario Monteforte Toledo. Aquella expresión autodidacta del infante Recinos toma una importancia de estudio que no adquirió en su momento al compartir, en distintas pinacotecas, espacios a la par de los trabajos de artistas consolidados pertenecientes a varias generaciones.

Una segunda etapa en la trayectoria del maestro Recinos llega a finales de la década de 1940, ya durante el ejercicio democrático de la Revolución de Octubre. Según la revista de la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla, el artista ingresa, hacia 1947 o 1948 en dicha institución. Eso significa que generacionalmente queda ligado a una serie de nombres enlatados por intereses académicos bajo la etiqueta de la generación del 50, como Rodolfo Abularach, quien desarrollaría una brillante carrera en la ciudad de Nueva York. Ambos estuvieron ligados a otros artistas desvanecidos en la historia: Miguel Alzamora Méndez, Víctor Manuel Aragón, Rina Lazo, Óscar Barrientos, Miguel Ángel Ceballos Milián, Juan Adalberto Cu Caal, Eduardo de León, Adalberto de León Soto, Wilfreda López Flores o Guillermo Rohers Bustamante (Escobar, 2011).

Dagoberto Vásquez Castañeda, Guillermo Grajeda Mena, Roberto González Goyri, Efraín Recinos y Carlos Mérida marcan, a partir de 1955, el inicio de la parte álgida del modernismo con sus enormes e indiscutibles propuestas del Centro Cívico, trabajo que abarca unos 30 años y que culmina con la inauguración del Teatro Nacional en 1978, obra cumbre de Efraín Recinos (Escobar, 2011).

Lo relativo de una nueva temporalidad en la trayectoria de Recinos se inicia con la subasta de arte Juannio, en 1965. O con la subasta rotaria, una década después. Siguiendo los registros de estas dos entidades, todavía vigentes y con importancia en ascenso, sumadas a las de nuevas actividades que se mueven dentro del género de recaudación por medio de obras de arte, la presencia de Efraín Recinos desde la década de 1970, además de ser continua, es de vital importancia en la existencia de cada una de ellas. Esto significa que su lapso de acción e influencia con obra de taller no solo es conocida por posibles coleccionistas, sino también es apreciada y estudiada por los nuevos colectivos artísticos. En sus últimos años se le podía ver en Santo Domingo del Cerro, (Antigua Guatemala), interviniendo el megaproyecto de la familia Castañeda a la par de artistas jóvenes como Josué Romero o Marlov Barrios, solo para citar algunos. El lapso de acción no ha terminado porque Recinos siguió produciendo obra de taller y monumentos públicos y particulares sin descanso (Escobar, 2011).

Recinos fue, hasta el último minuto de su vida, un fiel guardián del Teatro Nacional, para que su belleza y majestuosidad no se perdiera. Él lo creó y lo mantuvo vivo. Cuando diseñó el edificio pensó en dos cosas: que fuera totalmente guatemalteco y que, en lugar de interrumpir el paisaje, se fundiera en él. En esa época –se inauguró en 1978– la moda era copiar las grandes edificaciones de Europa, tratar de acercar París de este lado del océano, pero Recinos estaba demasiado orgulloso de sus raíces guatemaltecas como para perder la vista en el extranjero. Por eso creó un Teatro con escaleras por fuera como las pirámides mayas y con dos cabecitas de jaguar como balcones en los costados –ahí se puede hacer una cena romántica a la luz de las velas, bromeaba-. Antes de poner un solo ladrillo estudió a fondo el paisaje en donde iba a construir. Descubrió que había de telón de fondo dos volcanes y un cielo celeste limpio. Así que organizó todo para que el Teatro no opacara a la naturaleza, sino que la integrara. El techo de mosaicos azul y celeste se funde en el cielo (Sandoval, 2011).

Su estilo fue figurativo abstracto, futurista y surrealista. Sus técnicas son al oleo, laca, acrílico, plástico, metal, cemento, y madera, entre muchos otros. En cuanto a sus temas, hay prehispánicos, sociales, folcloristas y también de libre creatividad (Mobil, 2002).

El artista no pudo ver terminado su último proyecto: el Instituto de la Marimba. Este era un edificio majestuoso que simulaba la forma de una marimba y albergaría una escuela para cultivar este arte y un centro de investigación del instrumento. Esa era otra de sus pasiones, tocar la marimba (Sandoval, 2011).

Recinos murió en la madrugada del 2 de octubre de 2011, después de haber ingresado al hospital Hermano Pedro el 30 de septiembre, debido a una complicación gastrointestinal. Según sus familiares, falleció tranquilo y con calma (Herrera, 2011).

Principales obras

Recinos ha hecho una cantidad amplia de obras, pero entre sus principales creaciones están los diseños, construcción ornamentación y pintura del Centro Cultural Miguel Ángel AsturiasTeatro Nacional de Guatemala– en 1978, el frontón en relieve del edificio del Crédito Hipotecario Nacional, el mural escultórico de la Biblioteca Nacional y las Fuentes del Parque de la Industria, entre otros (Móbil, 2002).

En este último, en el Parque de la Industria, se encuentran dos murales en los salones, un obelisco y una fuente con espejos. Estos murales son únicos, porque fueron construidos con láminas de metal. Por su parte, el obelisco domina la fuente, con 20 metros de altura (Sandoval, 2011).

Sobre la Biblioteca Nacional, el mural tiene un personaje central, La Presidenta, una mujer con uniforme militar. Fue creado en 1967 y es un altorrelieve en concreto. En broma, el maestro decía: “si vamos a soportar tanta dictadura, por lo menos que las dictadoras sean mujeres guapas” (Sandoval, 2011).

Además de las obras antes expuestas, la obra de Recinos está presente en otros lugares. En el Auditorio del Conservatorio Nacional de Música se encuentra sus difusores acústicos, una serie de murales con rostros de personajes históricos que además de adornar sirven para dar una mejor acústica al teatro. Estos murales reúnen 89 retratos de artistas de diversos países. Surgen como respuesta a la necesidad de unos palcos para mejorar la acústica, pero cuyo costo impidió construirlos. Recinos dio de su bolsillo los fondos para crear este homenaje (Sandoval, 2011).
En el Museo Nacional de Arte Moderno se exhibe una de sus mayores obras, La Marimba y algunas de sus pinturas. También se pueden apreciar murales suyos en la fachada del Aeropuerto Internacional La Aurora (Sandoval, 2011).

En este último, se conservan 18 murales creados por Recinos, en los que habla de las batallas del hombre por conquistar los cielos. En uno de ellos hace mención a la leyenda de Ícaro (Sandoval, 2011).

Por último, la obra del Crédito Hipotecario Nacional es una de las obras más representativas de Recinos. Fue creada en 1965 para adornar la fachada del edificio. En los cinco paneles tallados describe la evolución del comercio, desde la época del trueque hasta la llegada de los bancos (Sandoval, 2011).

Distinciones y reconocimientos

Recinos ha ganado el Premio Nacional de Pintura en varias ocasiones, además del Segundo Premio Centroamericano de Pintura, en El Salvador en 1964. Dentro de sus distinciones también está el Primer Premio Centroamericano de Escultura -1968 y 1970-. También ha sido condecorado con el Premio Arquitectura Diseño Stand Guatemala en la Feria de la Industria de Berlín -Alemania- en 1964. En su hoja de vida se encuentran docenas de exposiciones colectivas y personales, tanto a nivel nacional como internacional, así como otros premios (Díaz, 2010).

Referencias bibliográficas

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