Repartimiento - WikiGuate

Repartimiento

(Última actualización: febrero 27, 2015)

El Repartimiento de Indios -también llamado Mandamiento– constituyó una forma de trabajo forzoso para los indígenas por parte de los españoles durante la Conquista y Colonización de Guatemala. Fue el principal medio por el que los hacendados seculares y eclesiásticos, así como las autoridades, se proveían de mano de obra indígena (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Las Leyes Nuevas prohibieron el empleo de los indios para obtener mano de obra, sin embargo, en 1565, la Corona española autorizó el repartimiento de los indígenas que habitaban los pueblos asentados en la periferia de la ciudad de Santiago de Guatemala, para que trabajaran en la cosecha y molienda del trigo. La legalización definitiva de esta institución se produjo en el Reino de Guatemala, en 1574, cuando el Consejo de las Indias la autorizó para que los españoles pudieran atender las labores en el cultivo del trigo y sus necesidades domésticas (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

De esta fecha en adelante, todos los indios varones comprendidos entre los 16 y los 60 años, de la mayoría de los 77 pueblos del Corregimiento del Valle, ya sea que pertenecieran a un pueblo realengo o a uno de encomienda, tenían que cumplir con el requerimiento, es decir, trabajar una semana de cada mes en beneficio de los españoles (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Los alcaldes indígenas ayudaban, obligadamente, a formar el padrón y a organizar, en cuatro grupos, a los hombres de su respectivo pueblo. El reclutamiento correspondiente se hacía los domingos, después de misa, y los reclutados se entregaban a los jueces repartidores, durante la madrugada del día siguiente. Los empleadores, por su parte, debían pagar, al juez repartidor, medio real por cada indígena enrolado, y a éste, un real de plata, por cada día trabajado, inclusive el lunes, que era utilizado para el viaje (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

A finales del siglo XVI y principios del XVII, el Obispo fray Juan Ramírez de Arellano denunció y condenó, en varios escritos, tal sistema laboral, que era empleado por encomenderos, terratenientes y funcionarios españoles. Entre 1661 y 1663, el Fiscal de la Audiencia de Guatemala promovió, ante la Corona, la abolición del repartimiento. Para justificar la petición, enumeró los abusos que se cometían en los ingenios de azúcar, en las labores de trigo y, en especial en los obrajes añileros (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Como parte del repartimiento se obligó, también, a las mujeres, a servir en casa de los españoles, en condición de molenderas, cocineras, chichiguas, lavanderas y planchadoras. En repetidas ocasiones, la Corona exigió corregir dicha situación y que se castigara a los culpables. Paradójicamente, en 1717, la misma Corona trató de sobornar a los dueños de los obrajes, cuando les ofreció no enviar inspectores a sus propiedades si contribuían con una donación voluntaria. Los empeños de cualquier corregidor o alcalde mayor por hacer cumplir la ley que prohibía utilizar indígenas en la actividad añilera, eran bloqueados por los dueños de obrajes, con sobornos o con argumentos falaces (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

En 1735, el Ayuntamiento de Santiago solicitó que se autorizara el empleo de indios de repartimiento en los obrajes de añil.Y el Obispo de Guatemala, Juan Gómez de Parada, a instancias de la Corona, pidió a sus curas párrocos que informaran, de manera reservada, sobre la participación de los aborígenes en dichas labores. En 1738, la Corona autorizó el empleo de naturales en los obrajes de añil, siempre que fuera de modo voluntario. La autorización no satisfizo plenamente a los cultivadores de jiquilite, quienes, en 1769, se quejaron porque no conseguían mano de obra por culpa de tal disposición (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Durante el siglo XVIII, los pueblos de indios del Corregimiento del Valle continuaron entregando, semanalmente, una cuarta parte de su fuerza laboral masculina. Cada trabajador recibía cinco reales -uno menos de lo estipulado-, a excepción de los tapianes y tayacanes, a los que se pagaba solo medio real por día. Aquella cantidad, sin embargo, difícilmente alcanzaba para cubrir las necesidades básicas, ya que rebajaba si el trabajador llegaba tarde a la primera jornada, o cuando se le hacían descuentos sobre comidas o bienes recibidos, los cuales, por lo general, se cobraban a precios altos. Los dueños de las haciendas y labores tenían la obligación de pagar al juez repartidor medio real por cada indio que se les otorgaba. En los pueblos del Corregimiento del Valle dicho pago se hacía a los alcaldes ordinarios (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Finalmente, las quejas de los añileros ante las autoridades coloniales tuvieron éxito, pues, en 1784, se aprobó el reglamento para el repartimiento de trabajadores a los cosecheros de añil. En esa regulación se mandaba castigar, con 25 latigazos, a los indígenas que no se presentaran al trabajo o a quienes lo abandonaran, y se establecía un salario de 10 reales por semana, durante la temporada de siembra, y de 12 reales, entre marzo y septiembre, que era cuando se procesaba el tinte de los obrajes. A pesar de que un buen número de personalidades del sector religioso, económico e intelectual promovía la abolición del repartimiento de indios, éste todavía existía a finales del período colonial (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

José Cecilio del Valle, a principios del siglo XIX, opinó que el trabajo en los obrajes de añil ocasionaba la disminución de la población indígena. En ese mismo período, en los Apuntamientos sobre la agricultura y comercio del Reino de Guatemala, del Consulado de Comercio, se recomendó el cese de la obligatoriedad del repartimiento, y se argumentó que la práctica de enganchar a los nativos en los llamados mandamientos, con el objeto de hacerlos trabajar en las haciendas de los blancos, perjudicaba sensiblemente los cultivos que hacían en sus tierras comunales y ejidales (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Referencias bibliográficas

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala. Guatemala. Editorial: Amigos del País, Guatemala.

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