El entierro

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Aprendo estrategias

Me preparo para leer

¿Has asistido alguna vez a algún entierro? El autor de este cuento narra los discursos de despedida que tuvieron lugar en un entierro. Compañeros, amigos y familiares le rindieron homenaje a un personaje desconocido para el lector. ¿Es cierto todo lo que dicen? Nos enteraremos pronto. Terminada la ceremonia, todos se retiraron, menos uno, el narrador, quien se dirigió al difunto con una honestidad desgarradora.

Amplío mi vocabulario

• Barroca: Exceso de adornos.
• Buick: Marca de automóviles.
• Catafalco: Túmulo adornado que suele ponerse en los templos para las honras fúnebres solemnes.
• Panteón: Monumento funerario destinado al enterramiento de varias personas.
• Intransigente: Alguien que no cede con lo que cree justo, razonable o verdadero.
• Gremio: Conjunto de personas que tienen un mismo ejercicio, profesión o estado social.
• Irreemplazable: Que no puede ser reemplazado por ser único.
• Idealista: Que cree en cosas de una manera ideal, conforme a las máximas aspiraciones de una corriente de pensamiento.
• Materialismo: Importancia primordial a los intereses materiales.
• Inédita: Escrito y no publicado.
• Nicho: Espacio cóncavo en los cementerios para colocar los cadáveres.
• Lisonja: Adular, halagar o elogiar.
• Oratoria: Arte de hablar de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir.

(Fuente: elaboración propia, con base en RAE, 2014).

Hora de leer

Autor: Mario Halley Mora
Género: Cuento
Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2001).

El acompañamiento fue espectacular. Al frente, la carroza fúnebre, barroca y negra, montada sobre un viejo Buick. Detrás, otra carroza, con esa carga triste de flores que no cantan a la vida, como debe ser, sino acompañan a la muerte, como no habrían querido ser, si las flores pensaran.

El servicio religioso fue largo, punteado por los sollozos de la viuda. Y después condujeron en hombros el catafalco hasta el Panteón familiar.

Se iniciaron los discursos. El primero que habló lo hizo en nombre del Partido. Fue íntegro, intransigente con los principios, dio todo y no pidió nada. Podía haber escalado posiciones, pero prefirió la responsabilidad del combatiente…

Después, el orador siguiente lo hizo en nombre del gremio. Y fue un ejemplo de conducta y honestidad. Con su talento podía haber acumulado riquezas y fortunas, pero prefirió servir al pobre, de quien sólo aceptaba el honorario de una sonrisa de gratitud…

El tercer orador habló en nombre del Club. Quien se iba para siempre era uno de los últimos pioneros del Deporte auténtico, del deporte por el deporte mismo. El Club perdía un hombre irreemplazable, un dirigente de selección, tal vez uno de los últimos idealistas en esta época de materialismo

El siguiente orador representaba a la Academia, a la que el compañero que partía había enriquecido con las luces de su talento, habiendo dejado la herencia inmortal de dos ensayos, un libro de poemas, y una novela aún inédita, que la Academia se aprestaba a editar, como un homenaje al compañero caído, y para honra de la literatura nacional…

Otro más agregó que fue esposo amante y padre de familia ejemplar. Y otro que fue un auténtico patriota. Y el último dijo que dejaba con su vida un ejemplo para las generaciones del porvenir…

Después, unos sepultureros forzudos incrustaron el ataúd en el nicho. La puerta de hierro chirrió al cerrarse, y también el pobre corazón de la viuda, que lanzó un lamento dolorido y final. Y la gente empezó a alejarse, de a poco, fatigada, leyendo de paso los nombres grabados en las viejas sepulturas.

Pero yo no me fui. Quedé solo, acompañando al viento que arrancaba pétalos de las flores marchitas de las coronas, mirando aquella puerta de hierro que se había cerrado, para decirle a mi amigo el discurso que no se dijo, o simplemente la frase que se perdió en aquel matorral de lisonjas vacías, que creció abonada por aquella obscura competencia oratoria.

—Fuiste un hombre, Francisco, sencillamente, un hombre. Todos los que hoy estuvieron aquí olvidarán mañana los discursos floridos. Pero yo no olvidaré tu vida claroscuro. Mentira todo. No fuiste un prócer, fuiste mucho más, un hombre. Francisco, un hombre de vida claroscura. Descansa en paz, hermano.

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Referencias bibliográficas

  • Real Academia Española. (2012). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid, España: Autor.
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